La fe del converso

En otro tiempo, en estos lares (y también en otros lugares en este momento) se quemaba (y se quema, tortura y lapida) al personal por no pensar convenientemente. Entre morir en la hoguera o adherirte al credo impuesto era (es) preferible comulgar con ruedas de molino para conservar lo más preciado: la vida de cada uno. Y si era (es) preciso, las muestras de fe se hacían (hacen) exageradas y públicas para que no hubiera (haya) lugar a dudas. Hablamos de la fe del converso, la más granítica de todas.

[Nota: la insistencia de incluir paréntesis en tiempo presente me sirve para enfatizar que, en 500 años, apenas hemos mejorado en este tema.]

En nuestra vida cotidiana también es posible encontrar abundantes ejemplos de estos cambios de entender las cosas. Por fortuna, éstos ya no vienen impuestos por la necesidad de salvar la pelleja sino por simple conveniencia o puro convencimiento. Hay gente que muta de opción política, de estilo de vida e incluso de equipo de fútbol. (He de reconocer que esto último es bastante extraordinario.)

«No echo en falta mi antigua piel. Al contrario: me siento renovado en la que ahora me recubre.»

Yo debo confesar que soy un converso. Hace exactamente 4 años, el 15 de mayo de 2014, todas mis creencias vitales se resquebrajaron para dar paso a una nueva forma de entender el paso de los días. Sin ni siquiera advertirlo de forma explícita, poco a poco mi biología y mis esquemas fueron derivando hacia lo que ahora soy: un papá a tiempo completo.

He dejado atrás las cenas románticas, las tardes tranquilas de sofá devorando libros, las películas de cine independiente y las largas ausencias en casa sin necesidad de regresar. Ahora somos multitud en la mesa, desgastamos los parques infantiles hasta pulir los plásticos, mi cine es de dibujos y cuando salgo a las montañas siempre llevo el freno de mano puesto para volver de una pieza.

No echo en falta mi antigua piel. Al contrario: me siento renovado en la que ahora me recubre. Una suerte de combinación de hormonas y herencias evolutivas me hacen fuerte en mi nuevo papel. Mi cerebro hace el resto. Estoy justo donde quiero estar: exactamente donde jamás antes había imaginado.

«Estoy justo donde quiero estar: exactamente donde jamás antes había imaginado.»

Una vez adoptada esta nueva religión he enriquecido mi capacidad para comprender al colectivo de papás y mamás del mundo y, muy en especial, a los míos. Nada más que por esta información privilegiada merece la pena el camino. Por suerte, hay otras muchas experiencias adicionales que me afirman como fiel converso. Desde los abrazos, las caricias y la miradas hasta comprobar cómo el tiempo pasa y se hacen mayores y autónomos hasta superarnos.

No sé cuánto tiempo durará esta iluminación ni si se mantendrá invariable en el tiempo. Supongo que no. En cualquier caso, a lo único que aspiro es a vivir mi nueva fe con la máxima intensidad hasta que, pasados unos años, una nueva revelación me haga adoptar un credo diferente. Volveré a convertirme y encontraré nuevos puntos de referencia. (Recordemos que sólo los muy necios tienen a gala el haber permanecido siempre en el mismo lugar.)

Aún así, tengo claro que no habrá fe más dulce ni creencias más diáfanas que las que ahora me sustentan. Este último pensamiento no admite conversión alguna. Y si Torquemada me persigue para renunciar a él mascullaré como Galileo: eppur si muove.

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8 comentarios

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Conversión estilo San Pablo 😉

Muchas gracias y ánimo con ese brazo. Ya verás como pronto estás otra vez tocando las castañuelas.

Nos vemos enseguida.

Querido «hermano gemelo» (en la montañas, en el trabajo, y en la vida), tan solo puedo decirte gracias, por esta maravillosa reflexión y porque seamos cada vez más hombres los que sumemos nuestros esfuerzos a la causa.
Abrazos

Gracias David. Yo sé que este tema para ti es especialmente sensible porque lo vives de primera. Eres un padrazo total 🙂

Me encantó coincidir contigo en la UJA. A ver si la próxima vez tenemos la agenda algo más descongestionada y podemos marcarnos una subidilla al Jabalcuz o a la Sierra Sur, que le tengo enormes ganas.

¡¡¡Un fuerte abrazo!!!

¡Magnífico! Jose. Has «estao sembrao». Ni que decir tiene que suscribo punto por punto todo lo que dices y tan bien expresas (como de costumbre).

Muchas gracias Félix. Aunque ya lo sabes, conocer a un tío que sube montañas como tú y que además era padre convencido fue un punto más a favor de meternos en este embolado de la crianza 😉

Maestro siempre 😀

Jose, muchas veces tu padre y yo, comentamos lo que nos qlegra tu nueva forma de vivir, has evolucionado correctamente, como decíamos al calificar en la ESO.

Bueno, de eso se trata, de evolucionar y aprender de los errores, la vida es larga y siempre te da una nueva oportunidad.

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