Paramount Park: la fantasía del ladrillo nunca se desvaneció

«No podemos resolver los problemas con el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando se crearon.»

Pensamiento atribuido a Albert Einstein

Me apetece enchufarme al tema social otra vez. Será casualidad o no pero se avecinan tiempos semejantes a esos años — los primeros del siglo XXI — en los que la fe en el ladrillo y las aguas nos iban a sacar de pobres; fue precisamente en esa época cuando más estuve preocupado en tales asuntos y ahora empiezo a volver a estarlo así que voy a entrar al trapo.

Esta vez la cosa vuelve a ir de proyectos faraónicos, de vender humo al pueblo y de explicar las bondades de inversiones multimillonarias sin ninguna garantía de viabilidad. Nada original después del reguero de urbanizaciones y campos de golf proyectados que jamás vieron la luz y que resquebrajaron las cuentas de los ayuntamientos; nada nuevo bajo el sol después de aeropuertos que no se utilizan pero que todos costeamos en su día para mayor gloria y enriquecimiento de las grandes empresas que viven de la obra pública; ninguna novedad tras las inversiones en autopistas de peaje por las que circulan cuatro turistas despistados.

Ahora la fantasía consiste en crear un parque temático en las proximidades de Alhama con viviendas anexas al mismo, los típicos campos de golf así como viales, servicios y resto de parafernalia urbanística: restaurantes, gimnasios, comercios.

El montante de la inversión asciende a 1.093 millones de euros. La mitad de ellos procede de fondos ajenos — aún por definir — mientras que el resto los aporta una sociedad en la que participa el gobierno regional al 20%. El propio presidente de la región murciana aseguró muy orgulloso: «la consigna está clara, hay que reinventarse» (véase la noticia en la prensa). Y yo pienso entonces: ¿reinventarnos? ¿cómo? ¿con las mismas estrategias que nos llevaron a inflar la burbuja inmobiliaria y a hundir la economía regional?

«La situación no deja de ser un esperpento.»

La situación no deja de ser un esperpento: las mismas ideas que antaño ya demostraron su inutilidad y su perversión son reutilizadas hogaño en un contexto mucho más grave y se presentan como la solución prodigiosa para redimir nuestras listas del paro. Estos gobernantes nuestros siguen entregados a la taumaturgia del ladrillo y el asfalto y desconocen que la verdadera riqueza consiste en proteger, valorar y disfrutar de nuestro territorio, nuestro paisaje, nuestras huertas y nuestros valles, nuestras montañas y nuestros cielos.

El caso es que nada de esto parece posible dentro de un parque temático de cartón-piedra, asfalto, plástico y ruido que consumirá un millón y medio de metros cuadrados digiriendo en su metabolismo varios hectómetros de agua potable y decenas de megavatios de energía.

En fin. La decisión está tomada ya por nuestros gobernantes, aquellos que nosotros mismos hemos aupado una y otra vez y cada vez más alto. En este sentido, creo que para terminar viene bien otra frase de Albert Einstein:

«No se puede acabar con el dominio de los tontos porque son muchos y sus votos cuentan tanto como los nuestros.»

Es triste, es dura, es real.

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