La lluvia amarilla

«Fue el principio del fin, la iniciación del largo e interminable adiós en que a partir de entonces, se convirtió mi vida. Como la luz del sol, cuando se abre una ventana después de muchos años, rasga la oscuridad y desentierra bajo el polvo objetos y pasiones ya olvidados, la soledad entró en mi corazón e iluminó con fuerza cada rincón y cada cavidad de mi memoria.»
Julio Llamazares, La lluvia amarilla

Pese a similitudes con prácticas marginales, la lluvia amarilla es un magnífico relato bastante alejado de las relaciones sexuales.

Uno no llega a un libro como éste de casualidad. Más bien, el libro te va buscando y te encuentra, con el pie cambiado y la guardia baja. Y eso es lo que a mí me ha pasado con esta lectura de Julio Llamazares: que no me esperaba algo tan bueno y no tenía todos mis receptores al cien por cien. Tengo claro que tendré que volver a leerlo.

La lluvia amarilla es, evidentemente, una metáfora que me guardo para el final del post. Pero no me puedo resistir a comentar unas breves palabras sobre la trama del asunto. Y el asunto es éste: pueblo de montaña aislado que muere atrapado por la modernidad y unos pocos, sólo unos pocos, se resisten a la inercia de los tiempos. Y de esos pocos, el que más resiste es el protagonista. Tal es su resistencia, tan última, que al final solo se queda: ve partir a sus vecinos, ve partir a sus amigos, ve partir a sus seres queridos y a su familia. Unos se van a la ciudad, otros se marchan al extranjero; en el peor de los casos, los menos, se suicidan al no poder soportar un día más la soledad amarga del abandono y la definida presencia de una muerte lenta en una ancianidad oscura.

Esto es el asunto.

«Este es un libro que te busca.»

Otra cosa es la manera de narrarlo. Y el libro, sus 140 páginas de texto denso, van desgranando el diálogo interior del protagonista que se habla a sí mismo donde soporta la soledad, donde intenta llevar mejor los días con su perra, donde encuentra en la serena — y severa — naturaleza del Pirineo oscense destellos de cordura que iluminen el agrietado panorama de su mente.

He dicho que este es un libro que te busca. A mí me ha buscado. Necesitaba una lectura de este calibre que me insuflara viento fresco en este verano tan plano de temperatura. Tengo clarísimo que mi próximo viaje al Pirineo ya no será lo mismo. Buscaré la senda que asciende a Sobrepuerto y descenderé hacia Ainielle. Necesito ver lo poco que pueda quedar de los muros y, si se tercia, pasear por el cementerio buscando la tumba de Sabina. Sé que no va a estar, pero como haré este viaje en Septiembre, muy próximo al otoño, veré la hoja del chopo caer y de esa lluvia amarilla extraeré mis propias emociones. Todo mientras el sol de la tarde se va ocultando tras el monte de Berbusa, camino de Gavín.

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