Apunte de navegación

Pese a mantener la navegación con rumbo fijo, no estamos seguros de dos cosas: 1) que realmente nos estemos dirigiendo al lugar que buscamos y 2) que seamos capaces de sostener en el tiempo la misma dirección.

Ya se ha reunido en cubierta a la tripulación para comunicar dichas posibilidades. Somos una nave que se debe regir por principios lógicos y es preciso que cada uno de los integrantes esté perfectamente informado. Todos comprenden lo que estamos anunciando y es que el tránsito por estos mares es asunto complejo y nos exigirá ser buenos navegantes: eligiendo las decisiones precisas en el momento clave de los vientos para poder arribar a las costas que buscamos.

«La duda plausible de que, quizás, ni siquiera sepamos qué lugar estamos buscando.»

Sin embargo, el capitán es consciente de una tercera posibilidad. La duda plausible de que, quizás, ni siquiera sepamos qué lugar estamos buscando, que la promesa de alcanzarlo sea una quimera o, incluso, que ese lugar ni siquiera exista. El capitán ha observado muchos atardeceres el oleaje embravecido, la salada espuma de una maquinaria voluntariosa e imprevisible como es el océano. El capitán, apoyado contra la galerna, sabe que no toda la lógica puede explicar la dinámica de los vientos.

Y sólo él está preparado para esta posibilidad porque la intuye. Porque entrevé que el único sentido de la deriva está en navegar cada día de forma perfecta, sin atender a futuras derrotas.

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