Hacia una nueva ecología

El mensaje conservacionista muchas veces va en la línea siguiente: salvemos al oso panda, recuperemos este bosque singular y mantengamos intacto este hábitat único. Evidentemente son objetivos importantes. Todo lo que consista en preservar hebras de la frágil malla que nos mantiene en equilibrio sobre el vacío es importante. Sin embargo, esta manera de actuar la aprovechan los amigos del business as usual para tachar la ecología como una empresa cuyos objetivos son cuidar parterres, conservar limpia la arena de la playa y mantener prístinas las aguas de los estanques. Consiguen así crear un estado de opinión, una idea de que el destino del medio no tiene por qué coincidir con el nuestro como especie: no importa si el parterre está sucio mientras nosotros tengamos el interior de casa impoluto y las cuentas macro en números verdes. El tema es que hace ya muchos años que sabemos que hemos sobrepasado los límites físico-químicos que sostienen todos los procesos y flujos que nos mantienen vivos. (Véase el concepto de huella ecológica.)

«Aún así, el personal es reacio a asumir esta realidad.»

Aún así, el personal es reacio a asumir esta realidad. Vivimos encerrados en urbes artificiosas, instalados en el corto plazo y en el positivismo tecnológico mientras somos impermeables a una realidad obvia: la naturaleza es nuestro único medio, un medio que nos envuelve, nos contiene, nos excede y nos supera. Así pues, el ecologismo no trata de conservar la naturaleza como un pequeño jardín que tenemos al lado de casa. Para nada. Resulta que somos una pequeñísima pieza más en el complejo engranaje de un sistema global, una maquinaria que lleva encargándose de sí misma miles de millones de años y regulándose con sus múltiples válvulas, flujos, ciclos y óptimos. Lo que buscamos los ecologistas es precisamente que la vieja y venerable industria de la vida se mantenga en el estado actual en el que nos encontramos: el que nos ha permitido sobrevivir y prosperar a lo largo de los siglos. (Estado actual: el de los últimos 10.000 años. Del Holoceno para acá.)

Probablemente, nosotros como especie incapaz, seguiremos esquilmando riquezas, extinguiendo miles de especies y acentuando rápidos cambios de imprevisibles consecuencias. En realidad, vamos directos hacia el último desafío y éste no es otro que el de conservarnos a nosotros mismos, algo para lo que no soy muy optimista. En cualquier caso, somos muy prescindibles en el entramado del Cosmos. Nuestro medio nos superará, nos digerirá y excretará. No importa. Otras formas de vida contemporáneas a la nuestra ocuparán nuestro nicho y habremos desperdiciado así el milagro que supuso nuestra especie.

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