Convergencia

En la mirada de la ventanilla paralela hay siempre historias sugeridas por el brillo de los ojos. Si la velocidad relativa es alta, ésta sólo permite un fugaz intercambio similar al que en ambientes nocturnos podríamos dirigir a la chica del fondo, apartada por un mar de gente, las olas de música embravecida y las embestidas del alcohol. En este caso, la brevedad puede actuar como motivación sugerente y nos lleva a imaginar la historia paralela, pero imaginamos como muy en el aire, sin apenas puntos de apoyo que impregnen de coherencia nuestro discurso imaginario. Y claro, así es imposible converger.

«Y quizás, esa historia directa y verdadera llegue a seducirnos, en la carne y los humores.»

Sin embargo, a velocidades lentas, puede darse el milagro de que la perpendicular mirada a la dirección del movimiento se sostenga largos segundos, lapso suficiente que puede durar años en nuestros relojes afectados por un estado de inusual excitación.

Si es así, la intensidad mantenida del brillo puede desvelarnos la historia sólida de quien sostiene nuestra mirada con sus ojos. Y quizás, esa historia directa y verdadera llegue a seducirnos, en la carne y los humores, hasta el punto de provocar un solidario movimiento de convergencia y lograr, en el límite de contacto, la confluencia de dos mundos y su universo infinito de posibilidades.

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