Alma y su recuerdo de Moss

Han transcurrido casi tres meses desde que Moss se marchó. En las primeras semanas, nuestra pequeña Alma no parecía muy afectada por su ausencia. En comparación, los mayores Pedro y Lola – ésta sobre todo – estaban mucho más conscientes y afligidos.

De forma sorprendente, en los últimos días tenemos a Alma preguntando continuamente por Moss. Por extensión, también se cuestiona por la muerte y por el lugar en el que se encuentran los seres queridos.

«En los últimos días tenemos a Alma preguntando continuamente por Moss.»Por las noches, antes de dormir, a veces rompe a llorar y nos comenta que «lo echa mucho de menos». Incluso algunas mañanas, antes de dejarla en la fila de clase, se pone tristísima y me pregunta por su perro favorito.

Hablando con su maestra ésta nos ha explicado que, a partir de los 5 años, los niños comienzan a tener conciencia del carácter definitivo e irreversible de la muerte y eso es lo que puede estar ocurriendo en esa cabecita maravillosa y ese corazón enorme.

Como reflexión de fondo me quedo con la impronta que la presencia de Moss ha dejado en la vida de mis hijos. En lo que a mí respecta, ya no es únicamente el sortear con mejor o peor fortuna los múltiples detalles que me remiten a su recuerdo, sino que también debo amortiguar el oleaje sentimental de mis críos cuando, de improviso, se les aparece en el umbral de su memoria.

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