Mañana lunes se cumple exactamente medio año desde que todo cambió. Ya escribí —aunque no en redes sociales— sobre lo ocurrido en su momento pero, en esta efemérides, me gustaría ilustrar con unas pocas fotos y palabras la evolución experimentada y lo que hemos vivido —hablo en plural intencionado porque mi situación ha condicionado a toda mi familia.
Todo comienza con una larga estancia en el hospital. Fueron días muy duros y de mucha incertidumbre. De un pronóstico inicial terrorífico pasamos a una situación más esperanzadora. Aun así, la cuesta iba a ser tremendamente empinada.

El regreso a casa fue el primer escalón de la recuperación. Recuerdo que, con un esfuerzo descomunal, pasé de la silla de ruedas al sofá y que no me atrevía a moverme. Esas primeras semanas estuvieron repletas de pequeños triunfos: mear en la taza del baño, enjuagarme la cara en el lavabo, afeitarme —gracias, Juanjo—, comer sentado en la mesa, conseguir por fin ducharme, etcétera.

A principios de julio me permitieron viajar en coche y bañarme en la piscina. La cicatriz de la operación estaba curada y tenía que moverme para darle vida a los tejidos de la articulación. Nos trasladamos al campo, buscando el fresco y el aire libre. Ha sido un verano diferente, concentrado en cosas importantes como partir nueces, leer libros, inventariar los diferentes crepúsculos contemplados y disfrutar de la compañía de mi familia.

Estuve haciendo trabajo de fisioterapia durante dos meses, hasta finales de agosto. En la clínica Aday de Cieza me atendió un chaval súper majo llamado Jorge. Ahí comencé a recuperar la musculatura y la flexibilidad. Entré el primer día con un andador arrastrando la pierna izquierda y, a los dos meses, salí caminando sin dolor y sin muletas.

Aunque estaba de baja laboral, tenía un encargo editorial importante que cumplir para el CSIC. En un extraño arrebato de lucidez, aproveché estos meses de absoluta quietud para dejarlo cerrado. Y no solo eso: lo pude abordar con mucho más mimo y finura que en circunstancias normales, cuando el devenir diario me arrastraba en decenas de asuntos urgentes pero nada importantes.
Como estaba muchas horas trabajando en el despacho con la pata en alto, tenía visitas de mis jabatos. A la pequeña Alma le dio por hacer cuentas y me pedía folios enteros de sumas que completaba a mi vera.

La semana previa a mi cumpleaños —a finales de septiembre— tuve revisión con el cirujano que me había operado, el doctor Archidona. Entré con muchas reservas en la consulta pero lo vi más optimista que nunca: «Puedes hacer vida normal». Al día siguiente, solicité el alta laboral y, en el fin de semana de mi cumpleaños, volví a coger la bicicleta, casi cuatro meses después de mi caída. Vivir con miedo no es vivir.

Con todo, entré en una fase plana de mi rehabilitación y los avances ya no eran gran cosa. Incluso tuve algún que otro retroceso, dolores y limitaciones que, insidiosamente, permeaban en mi cerebro y me hacían dudar y desconfiar del proceso. Fueron semanas difíciles en las que procuré —con relativo éxito— abstraerme y concentrarme solo en lo bueno de mis días.

Las molestias y dolores fueron cada vez a menos y, en pleno noviembre, ya me notaba muy recuperado. Seguía con mi bici, con pequeños paseos, con la piscina y con el gimnasio sin carga. Bien es cierto que, en mis escapadas, apenas abarcaba un círculo de unos pocos kilómetros de radio desde casa pero, para alguien que ha estado a punto de perder mucho, la sencilla contemplación de la fachada norte de la Atalaya, orlada por el río Segura, suponía un lujo de proporciones desmesuradas.

A día de hoy, camino perfectamente, tengo movilidad plena y vivo sin dolores. Con la bici me encuentro cómodo y afronto salidas cada vez más largas. No sé si volveré a trotar como antes —supongo que no—, pero tengo claro que seguiré subiendo montañas, posiblemente más despacio, quizá con algo de menos riesgo. De lo que sí tengo certeza es que voy a disfrutar enormemente de cada paso, de cada metro y de cada rincón del camino.
Si tengo que quedarme con lo más positivo de estos meses sería el enorme apoyo y cariño que he sentido por parte de mi familia y mis amigos. Supongo que podéis imaginar cuánto ha supuesto para mí cada llamada, visita y detalle que habéis tenido conmigo, con mi mujer y con mis hijos. En la oscuridad, en la soledad, en la inquietud, cada gesto de apoyo recibido ha sido una luz, un sostén, una certeza a la que me he agarrado con mucha más fuerza todavía que a la empuñadura de las muletas. Muchísimas gracias, pues.

Para terminar, os dejo con la foto más reciente que tengo en el móvil. Estoy con mi hija Lola, en la ermita del Calar de la Santa, en un banco orientado al mediodía, que mira a los Villafuertes y protegido por los muros de la iglesia. Ya mismo podemos oler el pan que está cociéndose en el horno de la tahona para llevarnos dos hogazas de kilo a casa. Allí nos esperan Lourdes, Pedro y Alma con un asado en la lumbre. Creo que esta foto ilustra perfectamente lo que soy: un tipo con suerte.

12 comentarios
Jose Antonio, ¿Qué tal? Un saludo desde Cádiz.
Pues yo soy uno de los que no se había enterado de tu accidente. Acabo de leerte y me ha sorprendido bastante tu capacidad de recuperación no solo física si no mental.
Me alegro mucho de que estés bien y todo se haya recuperado, que dolores te ha costado. Un abrazo, y salud para todos vosotros.
Muy buenas, amigo Franeto!!!
Muchas gracias por tu comentario y tus palabras. Ha costado mucho, pero volveremos a salir al monte a disfrutar de los pájaros y las rapaces.
No publiqué nada de esto. Prefería esperar un poco a ver qué tal evolucionaba la cosa. Parece que ha salido bien.
Salud para vosotros también y un fuerte abrazo!!!
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Felicidades amigo y familia.
Desconocía tu ausencia en Facebook, y me alegra saber cómo has superado esta dura Etapa, como un gran Campeón.
Un abrazo grande, de este Serrano Segureño, que tuve el gusto de conocerte en persona.
Querido Estanislao: cuando hiciste la invitación este agosto para ir a las 3 aguas a punto estuve de liarme la manta a la cabeza, pero todavía no podía siquiera conducir, menos aun caminar. La próxima ocasión no la dejaré pasar. Os envío un fuerte abrazo a ti y a tu familia. Me encanta tener noticias vuestras por el Facebook o cuando os juntáis con Andrés.
Nos veremos pronto.
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Hola José Antonio, no sabía de tu accidente. Quería darte un abrazo enorme, veo que estás mucho mejor y que haces vida normal prácticamente. «Normal», qué palabra tan bonita y tan ansiada cuando uno se encuentra mal de salud. Pues eso, a seguir disfrutando de la familia, los hijos que crecen, la naturaleza, de partir nueces y de un buen café. Un abrazo 🤗
Muy buenas, Melina.
Muchas gracias por pasarte por aquí y por tus buenos deseos. Tienes razón: somos muy ricos y no lo apreciamos hasta que falta lo básico. Espero que todo te vaya genial y que tengamos ocasión de volver a coincidir.
Un abrazo enorme 🙂
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Jolines, nada de tu relato sabía, pero lo que si he podido comprobar es que eres tan grande como siempre imagíne. Tú y tu familia. Cuanto me alegra poder leerte nuevamente. Un abrazo.
Muy buenas, Leo!!!!
Qué bueno saber de ti. Te perdí la pista hace un porrón de años pero guardo mucho cariño de esos revolucionarios alicantinos con los que me embarcaba en verdaderas locuras 😀
Te sigo en esos viajes tan chulos que haces. Sigue disfrutando. Un abrazo enorme y mil gracias por tu comentario!!!
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Vaya!! acabo de saberlo, y me alegro de enterarme ahora, que ya estás recuperado. Valoro mucho el calvario por el que habrás pasado, tanto el físico como el mental, demasiado tiempo hasta que tienes la certeza de que podrás recuperarte, por la foto del hospital, la cosa tuvo que ser jodía. Has derrochado fuerza de voluntad y tesón, seguro que cuando te viste encima de la burra de nuevo, el dolor se volvió emoción. Un abrazo y «memorias» desde Jaén.
Muy buenas, GalenoMaM!!! Madre mía qué buenos recuerdos tengo de las salidas con la gente de Jaén 🙂
Como bien dices, ha sido una recuperación larga y difícil. El caso es que ha tenido final feliz aunque todavía tengo mis limitaciones. ¿El futuro? Ya veremos. Por ahora, sigamos disfrutando 😀
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Entiendo perfectamente lo que dices, y después de una experiencia así se establece un nuevo orden, y ves quién está y quién se queda fuera.
Al principio sientes que estás en un agujero, pero una vez has llegado al fondo abres los ojos y descubres otra realidad.
Lo importante es que al salir de él, no olvidar lo que se ha aprendido en esa oscuridad, pues es fácil volver de nuevo al automatismo al que nos arrastra el día a día.
Me alegro de que te hayas recuperado tan rápido. Y muy acertado el título «Reset».
Un abrazo.
Muy buenas, Isa.
Muchas gracias por tus palabras, que hago totalmente mías. Dentro de ese nuevo orden, he soltado lastre, sobre todo en el tema laboral, aunque también en cuestión de relaciones y de otras cargas absurdas. Cada día, cuando me levanto, lo primero que pienso es: «no me duele». Y me siento afortunado por vivir sin dolor.
Un abrazo grande, montañera, y hasta pronto.
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